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Lecciones de liderazgo aprendidas con gran esfuerzo.

Bill Haybels es el fundador de la “cumbre de Liderazgo” un evento que se realiza anualmente en la ciudad de Chicago. Él es el pastor de una iglesia de nombre Willow Creek y hoy les compartiré la primera parte de lo que él llamó “lecciones de liderazgo aprendidas con gran esfuerzo”.

Bill Haybels comienza su conferencia diciendo que todo liderazgo es intensamente espiritual, y aquí quiero hacer hincapié en que espiritual es diferente de religioso. Porqué espiritual? Pues, por que cada decisión que toman como líderes tiene un efecto directo en las emociones, en la mente y en el espíritu de aquellos a los que guían. Un ejemplo de esto es aquel supervisor que todos tuvimos en la juventud, al que un día pensando que hacía una aportación nos acercamos para decirle: “Señor, pienso que esto podría mejorar si se hace de esta forma” a lo que contestó: “No te pago para pensar, sino para trabajar”, y… lo único que quería es que agacharas la cabeza y siguieras las órdenes. ¿Cómo te sentiste con eso?

Los líderes por definición somos visionarios, DIOS nos ha permitido ver el futuro antes que otros, producimos imágenes del futuro que producen pasión en otras personas, desarrollamos estrategias para desarrollar la visión. Podemos provocar ráfagas de adrenalina del progreso para lograr la visión. Sin embargo, a menudo la visión comienza a consumirnos, la comemos, la bebemos, la soñamos, se vuelve nuestra identidad, reafirma nuestra autoestima y algunas afortunadas veces añade ceros a nuestro valor neto. Pero si no tenemos cuidado pondremos en riesgo la condición de nuestro equipo, cuando éste pasa a segundo término en importancia, y los lideres siguen entusiasmados con el lograr la visión.

Bill Haybels dice que, los líderes con el nivel más alto en visión y pasión tienen el menor nivel de conciencia del espíritu del equipo que ellos reunieron para lograr la visión, pero nunca comienza de ese modo. Solo que el líder siente el compromiso por la visión de otro modo: le ha dedicado tanto tiempo, se ha sacrificado tan profundamente al punto del agotamiento, que siente que está solo y que su equipo no está comprometido al igual que él con la visión. Y es que ha no trabajan 80 horas a la semana, no arriesgan los ahorros de su vida, no viajan siempre y se pierden los partidos de los niños, y entonces ocurre una sutil desconexión con su equipo, pues en lugar de pensar que tal vez la visión le interesa demasiado a él, llega a la conclusión de que en su equipo no están tan comprometidos. Ahora tiene los lentes de “a ellos no les importa lo suficiente”. Por lo que, si a ellos no les interesa la visión tanto como deberían, entonces yo no debería tener tanta atención en sus intereses como en el pasado. Se convence de que seguramente hay otras personas a las que les interesaría más que a estas personas, y ahora piensa que la mayoría en su equipo son prescindibles, o al menos son intercambiables, lo cual incrementa el aislamiento o separación entre el líder y el equipo.

Esto no se discute abiertamente con el equipo, pero todo el mundo empieza a intuirlo, a olerlo, todos saben lo que esta ocurriendo. Esa sutil desconexión con el liderazgo, se traduce en que los miembros del equipo se sienten como engranes de una máquina, pueden amar lo que están haciendo pero sentirse que son un peón, o sea alguien que trabaja largas horas y se siente invisible, poco apreciado y prescindible, los peones saben que sus opiniones no importan, es un sentimiento terrible.

¿Porqué debemos estar atentos a las personas? por que dependemos de nuestro equipo para lograr la visión. Todo líder anhela que su equipo se sienta apasionado por lograr la visión, como lograrlo?

Bill Haybels nos comparte 2 pasos prácticos para que el equipo se prenda y actúe:

  1. Atesore a las personas, el dice que DIOS atesora a las personas más que a las grandes iglesias, y nos invita emular esto, el líder debe estar tan apasionado por la visión como por el espíritu de las personas que están entregando sus vidas por el logro de esa visión.
  2. Comprométase con la cultura organizacional de su equipo, realice encuestas de compromiso del personal, entérese de qué piensan y qué sienten. Una herramienta para esto está en “Mejor lugar para trabajar”. El líder debe adueñarse del cambio en la cultura, no es un trabajo que se pueda delegar a recursos humanos. Su cultura será tan saludable como el líder a cargo quiera que lo sea. Solo con la determinación y apoderamiento de este reto por parte del líder se puede avanzar.

No hagan que su equipo pague por su falta de agudeza, por estar tan absortos en lograr la visión, no sea hagan tan adictos a la visión que su personal se sienta como peones o maquinaria intercambiable.

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